sábado, 22 de julio de 2017

hoguera

Empezamos a saber.

Tránsitos en que crece
lo esencial.

Me miras hacia fuera
y dentro apagas las luces.

Las manos se abrirán después
a continuación.

Te pienso y empieza eso 
en el corazón

ese

preciso incendio
hacia el Atlántico -

remolino de llamas
desde Fogo cayendo

sobre isla Brava.







Isla Brava | 14°52′00″ N 24°42′00″O | Cabo Verde | Volcánica - Archipiélago Sotavento | En 1680 la secuencia de erupciones volcánicas en la isla vecina de Fogo, hizo que una parte de los habitantes de esta isla emigrasen a Brava.




domingo, 4 de junio de 2017

ver delfines


Patty S. x Robert M.



1

el verano se adelanta 
- mayo 

comienza por arderme 
en la punta de los dedos

se va despacio.

2

el movimiento del calor -
tu mano en mi rodilla.

3

te paraste -
¿se puede comenzar un amor sin acabar otro? 

déjame aquí

y abre las ventanas
o no.



Robert M. x Patti S.


4

de qué me tienes miedo.
y yo a ti.

5

el sol en los suburbios
en las plazas
sobre un charco

correspondencia de guerra
porque todo quema Kabul 

pero si hay luna llena, lo sabremos*.

6

ver delfines
breve, limpio y antes de tiempo -

después todo es torpeza y silencio
caer en tierra

a solas haces
el tránsito hacia atrás

nada en plata.

y adiós al verano
y vuelta a las armas.

7.

mirar dos veces -
casi nunca existe esa suerte.



(*)

Las noches no son claras aquí
pero si hay luna llena, lo sabemos.
Sentimos una cosa un minuto
y algo distinto al siguiente.

R. Carver | Romanticismo | Donde el agua se une a otras aguas






sábado, 15 de abril de 2017

las presas

abril descampado | Gijón 01 | C. Álvarez


# 01 | perros


Se trata siempre de galgos.


De perros flacos persiguiendo
liebres por mandato.
De articulaciones llenas de hambre
o espinas dorsales como aletas.

De todos los cuerpos que tiemblan de frío.

Se trata siempre de disparos
sobre rastros en la maleza.
De carreras depredadoras
tras los tejidos blandos.

De todos los ladridos afilados.

Se trata del cepo que transporta
la muerte de otros más suaves.
De ese anticipo de un tajo
en el árbol de los ahorcados.

De tanta delgadez que se apaga
dentro
en los claros.

Hay abandono en el bosque. 

Un temblor organizando
esa oscuridad al fondo -  
nuestra 

esa inercia.




abril descampado | Gijón | 02 | C. Álvarez


#02 | maleza


Sólo el fondo se escucha hasta el fondo.

Todos los rumbos
distinguen el viento
entre los ladridos.

A solas nunca se salvan, murmuran. Y siguen a tientas.

Algo entre la maleza,
el jirón rojo de un vestido rojo
partido.

No me muevo, yo también estoy aquí

más que antes
y todavía

algo afilándose como una calle
voces que acaban, por último
y las monedas.

La noche crece hasta el fondo.

Y si aún la encontramos, dicen
no importa que no se mueva.

Esperan

los rasguños en el muro, las pestañas
el doble derrumbe de sal

ya casi llegan.

Cómo se abren los párpados
de quien nunca mira hacia fuera.





abril descampado | Gijón | 03 | C. Álvarez



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jueves, 23 de marzo de 2017

Esto es un corazón


La Gran Belleza | Sorrentino



Definiciones -

El corazón es un cazador solitario
el corazón es un órgano en llamas.
Tambor batiente

el corazón envejece del contacto con otros
y es este holocausto
en el que me adentro.

El corazón es carne roja - profunda
venas azules, cuevas enlazadas
pez naranja en una caja de arterias.

El corazón es una habitación tras otra
un desalojo genocida
el zorro bajo la nieve

su garra en el cepo.

Pero en su cárcel de costillas
su masa es sólo la premonición
de un saqueo

pura corazonada.

Brújula leída del revés
como Roma
y sólo dos posibles estatus -

si no es una piedra
el corazón es un asalto.

____

q u o t e s

+ Heart is a lonely hunter -  Carson McCullers.
+ Heart is an organ of fire  - Michael Ondaatje.
Heart grows old for touching others - Leonard Cohen. 
+ It is a heart this holocaust I walk in -  Sylvia Plath.















domingo, 19 de marzo de 2017

Konkiah | La raíz de las cosas



Fui a la escuela durante cinco años con la misma falda azul. Amaba esa falda y nadie tenía por qué saber que sólo tenía una. El día que la quemé con la plancha por accidente todos supieron la verdad, se extrañaron y me miraron de reojo. A mí no me importó.

Amo a mi abuela con todo mi corazón. Me crió a mí y a mis hermanos. Mis padres no supieron. Apenas lo intentaron, se rindieron. Dejaron de quererse para tratarse mal. Después uno huyó y la otra se sumergió en la supervivencia.


X Mona Simon | The Missing Code Series


Las manos de mi abuela son raíces, su dulzura también. Fue ella la me dijo una y mil veces, en mitad del ruido de los abandonos, que creyera en mí y eso hice: no he dudado.

He sido muy pobre y nunca seré rica, no me interesa. Entiendo y quiero a mi país a pesar de sí mismo. Odio lo que las personas aquí podemos hacernos las unas a las otras: mirar sólo la piel, despreciar a los que no tienen más que su oscuridad, no querer entender más allá de los prejuicios. Jamás he pensado que deba aceptar nada porque sí, nada, incluso lo que pudiera parecer un destino más que evidente.

Uno de los dedos de las manos-raíz de mi abuela está dañado, paralizado. Es el recordatorio de una guerra, de un genocidio, de los trabajos forzados. En su sonrisa ella recuerda otra cosa, siempre. Decide ser mi memoria y yo decido ser su futuro. En nuestro presente la casa huele a mandarinas y a la risa de mi hijo.

Elegí ser madre soltera. 

Tenía diecinueve años cuando encontré a mi hijo. Era un bebé al que nadie cuidaba y yo lo quise desde el principio. Fue un amor correspondido: los animales reconocen siempre a sus crías, es un lenguaje de calor. Decidí trabajar más que nunca y decir que era su madre. 

Conozco el abandono, su capacidad de destrucción desde dentro, la soledad del que no tiene padres. No permitiré jamás que mi hijo sienta ese tipo de rechazo. Elegí no decir a nadie que le había adoptado. Fui para todos una madre o esposa rechazada, dejada atrás. Algo inútil y ya sin solución. 

Quién iba a quererme ahora.

Seguí trabajando, abrazando a mi hijo. Trayendo dinero a casa y aprendiendo inglés a los bordes. Tomando las manos de mi abuela como un cuenco de agua.

No buscaba el amor, no pretendía que nadie se enamorase de mí. Tengo la piel oscura y un hijo: las puertas de una boda khmer se cerraban con fuerza en mi cara, pero él insistió. Yo no le di ninguna oportunidad, al principio, ninguna explicación. Tenía un hijo, eso era todo, y una abuela mágica. Y hermanas de las que ser ejemplo. No me iría con nadie a ninguna parte y no me abandonaría a mí misma.

Se quedó, hizo su parte. Existía toda esa amabilidad, toda esa verdad. Supe reconocer el amor y yo también me quedé en él. Dentro vivimos mi hijo y yo. Dentro vive nuestro futuro sin destinos impuestos y esperados, dentro vive la memoria de mi abuela y el abandono ha ocupado el lugar de las semillas.

Camino tranquila por las calles de mi ciudad. He aprendido a reconocer la ignorancia de los que juzgan sin saber e insultan a las mujeres. Son siempre los mismos insultos, es siempre la misma ignorancia. 

Mi marido y yo construimos una familia que no habitará otro palacio que el de la dignidad y el de nuestra propia certeza. Y tengo mis propios sueños, porque los sueños son importantes. Trabajo y estudio por ellos, los habito como un guante. 

Camino y me encuentro con personas maravillosas con las que seguir compartiendo pasos entre todo este delirio de expropiación. Quiero crear otros caminos, diseñar, coser un nuevo traje con el que vestir un futuro auténtico en este país.

Mi corazón habla en khmer, elije sus palabras, entiende sus pulsaciones y se fía de ellas. Y cada domingo las tiende puntual como una alfombra hacia la casa de mi abuela, a las afueras destartaladas de Phnom Penh.


Allí, en la casa que hace meses estuvo a punto de incendiarse, me siento con mi hijo sobre el suelo, comemos mandarinas y abrimos las ventanas.








miércoles, 8 de marzo de 2017

8 de Marzo | Derecho al Ruido





Dice Virginia Rodrigo - baterista, percusionista, compositora y cantante – que, después de haber impartido unas diez mil horas de clase a hombres y mujeres de estratos sociales y edades muy diversas, ha podido concluir que las segundas suelen establecer, a priori, un mayor contacto con el ritmo que los primeros, muy seguramente porque los juegos infantiles ‘para niñas’ incorporan, precisamente, el ritmo, la melodía y el movimiento, mientras que los juegos infantiles de los niños están más centrados en las destrezas físicas y el desarrollo del uso de la fuerza. A pesar de ello la autora señala, como segundo dato significativo, que las mujeres tocan a un volumen mucho menor que sus compañeros masculinos. 

Antes de acudir como explicación a que la fuerza es superior, supuestamente, en los hombres, Virginia Rodrigo puntualiza que para tocar percusión lo determinante no es la fuerza sino el control de la misma. En las clases grupales, sin embargo, los hombres tocan invariablemente mucho más fuerte que las mujeres, independientemente de la destreza que hayan adquirido y con mucha menos vergüenza, mientras que ellas parecen tocar pidiendo permiso. La reflexión que realiza es contundente: las mujeres estamos entrenadas para no hacer ruido, para no ocupar espacio, para cerrar las piernas y hablar bajito. Sí, tocar percusión es un acto de empoderamiento para las mujeres y creo que de ahí viene este furor de batucadas y mujeres tocando tambores, porque estamos necesitando hacer ruido. Estamos ávidas de hacer todo lo divertido, lo que nos empodera y nos hace recuperar la alegría y la dignidad de vivir’.

Los últimos meses han estado llenos del ruido de mujeres que marchaban en ruta a través de Estados Unidos contra su actual presidente y su reconocido desprecio a los derechos humanos en general y de las mujeres en particular. La Marcha de las Mujeres se hizo eco en otros países que secundaron la llamada y la visión, armadas con datos espeluznantes sobre violencia de género. La necesidad de reclamar ‘ni una menos’ o ‘nos queremos vivas’ que remarcan la realidad del feminicidio en muchos países de la tierra, además de señalar y publicar experiencias vejatorias, actitudes machistas y/o de acoso e historias de abuso sexual por parte de muchas mujeres a lo largo y ancho del mundo, expone, de manera clara, la necesidad de hacer ruido como medio de reivindicación de derechos, transformación social y empoderamiento personal.


Hacer ruido, decir en voz alta y pública, se convierten siempre para las mujeres en una necesidad que incorpora riesgos, pero de cuya asunción depende también siempre la realidad de su dignidad personal y el derecho a construir una vida desde parámetros de libertad y ausencia de violencia. Ha de asumirse asimismo que, en esto de hacer ruido y romper los silencios, existe una trayectoria, una genealogía de mujeres y de lucha por los derechos de igualdad que precede y explica la existencia de este día y lo hasta ahora logrado: si hoy puedo escribir esto y hacer exactamente lo que hago es gracias al camino recorrido por otras que hicieron su parte, se pusieron en entredicho, dejaron de pedir permiso y tocaron más alto.

Dicho esto, hagamos recuento de lo que hay o no que celebrar en un día como hoy. En los últimos trece años han muerto en España 866 mujeres por violencia machista, y más de veinte en los dos primeros meses del presente 2017. A ello hay que añadir los datos nunca oficiales, oscuros, escondidos y elevados de la violencia sexual, las actitudes y comportamientos sexistas que bombardean el día a día a través de la publicidad – el último y vergonzante reclamo de una discoteca en Barcelona que invitaba a las mujeres a acudir sin ropa interior a cambio de dinero y alcohol es sólo una muestra entre miles de ejemplos posibles de la sexualización y cosificación constante del cuerpo femenino – y el asumido derecho a hacer a mujeres, chicas y niñas cualquier comentario o acercamiento de índole sexual en la calle o en espacios públicos. Asimismo, los datos sobre empleo, igualdad salarial, conciliación y posibilidades de promocionar no permiten, por lo demás, establecer una conclusión positiva sobre la equidad de partida para conseguir las mismas cosas desde los mismos derechos considerados a priori en nuestro marco legal y constitucional.

Esto en lo que respecta al panorama estatal. Ocurre, sin embargo, que fronteras hacia afuera el mapa mundial de las mujeres es – en la mayoría de sus localizaciones - mucho más atroz y la violencia económica, psicológica, sexual y física afecta a mujeres y niñas a diferentes niveles en todos los contextos sociales de la tierra: hay estados que articulan una violencia estructural e integral hacia las mujeres que reduce su vida al sufrimiento y la ausencia de libertades, derechos y felicidad, incorporando prácticas como mutilaciones genitales, lapidaciones, matrimonios infantiles o las violaciones grupales sistematizadas; los cuerpos femeninos se emplean como armas de guerra en conflictos bélicos de las maneras más atroces, como ocurre en el Congo, capital mundial de la violación; el tráfico sexual y la trata afectan fundamentalmente a mujeres y niñas; que el miedo a sufrir una violación o abusos sexuales es un espacio de riesgo en el que las mujeres han sido socializadas desde la infancia, dentro de una extendida cultura de la violación desde la que se asume que son las ‘víctimas potenciales’ las que deben responsabilizarse del riesgo que corren y que de ellas depende su prevención.

x La Perera

Demasiado ruido silenciado o fuera de la partitura de los gobiernos y compromisos estatales e internacionales. Demasiadas mujeres cargando con la responsabilidad de su protección y su propio cadáver. Demasiada culpa colocada en el lugar incorrecto de la balanza: los mecanismos de culpación a las víctimas e impunidad de los agresores son perversos, tentaculares y en ocasiones sistematizados.

Teniendo en cuenta este estado alarmante de la cuestión, el Día Internacional de las Mujeres es una fecha importante y no, no cabe preguntarse en ningún caso por qué no existe un Día Internacional de los Derechos del Hombre ni hablar del ‘tema de la mujer’ como un punto más de la agenda o un hecho anecdótico y aislado, casi una cuestión fruto del capricho de un grupo de mujeres feministas, poco conformistas con el pedazo del pastel de la igualdad del que deberían estar dando cuenta. El 8 de Marzo es un recordatorio de dónde estamos y de dónde venimos,  una revisión de datos y, por desgracia, un recuento de muertas, violadas y expropiadas de sus vidas; una oportunidad para retomar la perspectiva y poner sobre la mesa las situaciones y condiciones de las mujeres en todo el mundo, de las relaciones humanas en general y lo que sucede dentro de ellas cuando se sexualizan y encorsetan en un código reducido de comportamientos posibles.


Joan Jett

El 8 de Marzo, como todos los demás días del año, es un paso más dentro de un camino vivo a través del compromiso con la construcción de un mundo más justo, más libre y más hermoso en el que todas podamos ser lo que queramos ser, explorar lo que queremos explorar y utilizar nuestras mentes y cuerpos como consideremos.  Es un día para recordar lo que hemos logrado y lo que nos queda para lograr, que es mucho en ambos casos; para seguir explicando que la igualdad real no son sólo leyes y declaraciones institucionales, sino que tiene que ver con gestos concretos - como considerar la violencia contra las mujeres 'cuestión de Estado' y desarrollar las infraestructuras y protocolos oportunos para erradicarla -, actitudes personales, modelos educativos justos y un trabajo continuo en la construcción de valores de igualdad, solidaridad, respeto y responsabilidad individual y social.

El 8 de Marzo en un día para homenajear ruidosamente y dar el lugar en la memoria colectiva que les corresponde a todas esas mujeres rompedoras que con su valentía y su ruido nos han hecho, nos hacen, ‘hacemos’ avanzar como sociedad y que este mundo sea más igualitario y más habitable. Las mujeres que no guardan silencio ni aceptan la muerte, los golpes, la reclusión o el pedir permiso, que enseñan y animan a pelear con ellas.

El 8 de marzo es el Día Internacional de las Mujeres, todas las mujeres, que trabajan en la construcción de una vida propia, plena y sin violencia ni corsés, mujeres y niñas protestonas que rompen el silencio, los destinos esperados y elegidos por otros, se ensucian y cambian el mundo.


Strong is The New Pretty Series | Kate T. Parker


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viernes, 24 de febrero de 2017

Por ser mujeres


ver



Ayer, como hoy, Barcelona amanecía nublada y borrosa dentro de una atmósfera tan difusa y poco concreta como la comprensión integral de algunas de las noticias que podían encontrarse en el interior de los periódicos del día. Dentro de los mismos, aparecía destacado el titular sobre una discoteca de la ciudad condal, Bailódromo, que ofrecía cien euros y bebida gratis a aquellas mujeres que acudieran sin bragas a sus instalaciones. Más adelante, avanzando página a página, podía leerse el asesinato a manos de su expareja de una mujer de 34 años del Vallès Oriental, quien previamente había presentado un total de veinte denuncias contra su agresor, contando éste con una orden de alejamiento. Su muerte suponía, además, el quinto asesinato por violencia de género que se producía en setenta y dos horas.  

Tal vez no sea fácil apreciar en una lectura rápida la relación existente entre las noticias señaladas, dentro del nebuloso clima de tolerancia de la violencia contra las mujeres que habitamos como sociedad. Así podría parecer obvia, aunque no se traduzca en acciones ni protocolos eficaces, la necesidad de contar con mejores herramientas que velen por la protección y acompañamiento a las víctimas de violencia de género, patente a tenor de los datos: sólo en lo que va de año han muerto dieciséis mujeres por el hecho de serlo, lo que permite hablar explícitamente de feminicidio. También podría resultar evidente la pertinencia de visibilizar la magnitud real de esta violencia y las consecuencias para quienes la sufren, así como el requerimiento de desarrollar iniciativas de coeducación y sensibilización social para que estas situaciones dejen de reforzarse y reproducirse.

La realidad evidente que nos golpea es otra, sin embargo: una discoteca pone sobre la mesa que la sexualización y cosificación de las mujeres, el trato de las mismas como objetos de consumo y reclamo publicitario, es un hecho normalizado, como también lo es la consideración de que, una vez las mujeres ‘aceptan’ usar determinadas prendas o no llevarlas, es libre el acceso y consideración de sus cuerpos a nivel sexual. Este imaginario colectivo nutre una cultura de la violación que queda patente en los comentarios que suelen seguir a titulares de noticias de esta índole y que, lejos de cuestionar y condenar el ideario machista que genera la noticia, centra su atención en las mujeres que pueden o no aceptar la oferta y las deslegitima como sujetos susceptibles de reclamar justicia, posteriormente, por cualquier vulneración de sus derechos: si vistes de una determinada manera, no llevas ropa interior o caminas sola a casa de madrugada, te expones tú sola a una violación o, directamente, la provocas.

Así las mujeres víctimas de violencia por parte de sus parejas son responsables de su propia protección o, para acceder a ella, deben abandonar sus viviendas, trabajos y entorno social para acudir a un recurso de acogida – si tienen suerte. Hace sólo unos meses se planteaban, además, por parte de la policía, una serie de recomendaciones que incidían en las estrategias que una víctima de violencia de género debía poner en marcha para evitar ser asesinada o agredida una vez abandonaba a su agresor. Estas recomendaciones incluían, sin ir más lejos, informar en tu lugar de trabajo, comunidad o espacios sociales de su situación, revelando la totalidad de su historia y asumiendo la exposición y posible estigmatización que eso pudiera conllevar.

La tolerancia hacia la violencia contra mujeres y niñas es un hecho que sólo solemos aceptar cuando la situamos en contextos alejados de la realidad social que presuponemos en una ciudad como Barcelona. Constatar, con las noticias de ayer y con las que muy probablemente aparecerán mañana, que se mata a mujeres por considerarse una propiedad de aquel a quien han abandonado porque les pegaba, violaba y humillaba, y la reactividad a la hora de asumir la gravedad de los datos y la realidad social que los produce, es una muestra de la neblina que rodea la comprensión de la desigualdad. Asumir que, desde esa desigualdad, se promueve la sexualización de niñas, adolescentes y mujeres, se legitima su cosificación y se borran los límites de lo que puede considerarse un abuso o una actitud agresora a nivel sexual, es una materia pendiente que facilita que discotecas como Bailódromo planteen su estrategia comercial desde una perspectiva que no consideran vejatoria.

Seguimos, por tanto, sin atar los cabos, sin llamar a las cosas por su nombre, sin ubicar adecuadamente las responsabilidades y culpando a las víctimas. Y seguimos, por tanto, responsabilizando a las mujeres de ser o no asesinadas, de ser o no violadas. De ser dignas, o no, de la consideración y tratamiento de personas en lugar de una oferta o una propiedad.