viernes, 24 de febrero de 2017

Por ser mujeres


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Ayer, como hoy, Barcelona amanecía nublada y borrosa dentro de una atmósfera tan difusa y poco concreta como la comprensión integral de algunas de las noticias que podían encontrarse en el interior de los periódicos del día. Dentro de los mismos, aparecía destacado el titular sobre una discoteca de la ciudad condal, Bailódromo, que ofrecía cien euros y bebida gratis a aquellas mujeres que acudieran sin bragas a sus instalaciones. Más adelante, avanzando página a página, podía leerse el asesinato a manos de su expareja de una mujer de 34 años del Vallès Oriental, quien previamente había presentado un total de veinte denuncias contra su agresor, contando éste con una orden de alejamiento. Su muerte suponía, además, el quinto asesinato por violencia de género que se producía en setenta y dos horas.  

Tal vez no sea fácil apreciar en una lectura rápida la relación existente entre las noticias señaladas, dentro del nebuloso clima de tolerancia de la violencia contra las mujeres que habitamos como sociedad. Así podría parecer obvia, aunque no se traduzca en acciones ni protocolos eficaces, la necesidad de contar con mejores herramientas que velen por la protección y acompañamiento a las víctimas de violencia de género, patente a tenor de los datos: sólo en lo que va de año han muerto dieciséis mujeres por el hecho de serlo, lo que permite hablar explícitamente de feminicidio. También podría resultar evidente la pertinencia de visibilizar la magnitud real de esta violencia y las consecuencias para quienes la sufren, así como el requerimiento de desarrollar iniciativas de coeducación y sensibilización social para que estas situaciones dejen de reforzarse y reproducirse.

La realidad evidente que nos golpea es otra, sin embargo: una discoteca pone sobre la mesa que la sexualización y cosificación de las mujeres, el trato de las mismas como objetos de consumo y reclamo publicitario, es un hecho normalizado, como también lo es la consideración de que, una vez las mujeres ‘aceptan’ usar determinadas prendas o no llevarlas, es libre el acceso y consideración de sus cuerpos a nivel sexual. Este imaginario colectivo nutre una cultura de la violación que queda patente en los comentarios que suelen seguir a titulares de noticias de esta índole y que, lejos de cuestionar y condenar el ideario machista que genera la noticia, centra su atención en las mujeres que pueden o no aceptar la oferta y las deslegitima como sujetos susceptibles de reclamar justicia, posteriormente, por cualquier vulneración de sus derechos: si vistes de una determinada manera, no llevas ropa interior o caminas sola a casa de madrugada, te expones tú sola a una violación o, directamente, la provocas.

Así las mujeres víctimas de violencia por parte de sus parejas son responsables de su propia protección o, para acceder a ella, deben abandonar sus viviendas, trabajos y entorno social para acudir a un recurso de acogida – si tienen suerte. Hace sólo unos meses se planteaban, además, por parte de la policía, una serie de recomendaciones que incidían en las estrategias que una víctima de violencia de género debía poner en marcha para evitar ser asesinada o agredida una vez abandonaba a su agresor. Estas recomendaciones incluían, sin ir más lejos, informar en tu lugar de trabajo, comunidad o espacios sociales de su situación, revelando la totalidad de su historia y asumiendo la exposición y posible estigmatización que eso pudiera conllevar.

La tolerancia hacia la violencia contra mujeres y niñas es un hecho que sólo solemos aceptar cuando la situamos en contextos alejados de la realidad social que presuponemos en una ciudad como Barcelona. Constatar, con las noticias de ayer y con las que muy probablemente aparecerán mañana, que se mata a mujeres por considerarse una propiedad de aquel a quien han abandonado porque les pegaba, violaba y humillaba, y la reactividad a la hora de asumir la gravedad de los datos y la realidad social que los produce, es una muestra de la neblina que rodea la comprensión de la desigualdad. Asumir que, desde esa desigualdad, se promueve la sexualización de niñas, adolescentes y mujeres, se legitima su cosificación y se borran los límites de lo que puede considerarse un abuso o una actitud agresora a nivel sexual, es una materia pendiente que facilita que discotecas como Bailódromo planteen su estrategia comercial desde una perspectiva que no consideran vejatoria.

Seguimos, por tanto, sin atar los cabos, sin llamar a las cosas por su nombre, sin ubicar adecuadamente las responsabilidades y culpando a las víctimas. Y seguimos, por tanto, responsabilizando a las mujeres de ser o no asesinadas, de ser o no violadas. De ser dignas, o no, de la consideración y tratamiento de personas en lugar de una oferta o una propiedad.









sábado, 11 de febrero de 2017

los rayos

X | La Perera


#1


Al tercer año todo pareció cambiar para seguir igual.

Murió él, el Rey Cineasta. Ellas estaban aún a las afueras del la pagoda de plata esa mañana, compactas como un pez tigre. 

Yo miro a Vanny, la cinta alrededor de su cabeza morena, el pelo suelto como una india cherokee. Los guardias miran mi espalda descubierta, inusual. Los gritos crecen alrededor del silencio de Bopha en el interior de la Corte de Apelación mientras espera una sentencia que no resolverá nada a su favor, aunque ella aún no sepa eso.

Ni esto: el padre de su hijo ha malgastado en apuestas, en juegos, el escaso dinero de la familia durante el tiempo que ella ha permanecido en prisión por denunciar la demolición de una casa, el comercio del agua - la invasión de la arena. 

Cuando días más tarde vuelva a la vida que ya no posee, ese mismo hombre se llevará lejos a su hijo. Existe un lago hueco, en blanco, para recoger las lágrimas.

Presto atención a lo que aún sucede antes.

Los gritos del pez tigre resbalan por mi espalda
aprendo la lección de las presas
y guardo en mi cuaderno un pétalo de loto

para más adelante.



#2



Serás tú esta vez quien lo estropee todo. Serás rutina.

Como toda esa belleza que comete suicidio
que entra en guerra
que pierde las ganas
que se decepciona. 

Serás tú y no yo. 

Tú, que lo cambias todo de lugar,
no olvides eso.




#3



En Nicaragua, un día diecinueve, la vi desde el otro lado de la carretera. Estaba sentada en el suelo al borde de un descampado de las afueras, en la Granada siamesa, la centroamericana. 

Se levantó de pronto con la cara sucia, la mirada fija y las rodillas afiladas. Tenía un palo en la mano derecha y con él se dirigió al único árbol que quedaba en pie.

Un cuerpo breve, de niña, golpeando el tronco de un árbol durante treinta segundos interminables. 



#4



Era un noviembre sin frío, sin invierno y sin la muerte de ella.

Aquella primera noche más de cuatrocientos camboyanos perecieron en un puente tratando de llegar a Isla Diamante, en el costado líquido de Phnom Penh. Tú llegaste desde el borde del río tras mis tres días de sol. 

Llegaste con la emoción girando en círculos concéntricos en tu interior, conmigo en los ojos. 

Nos besamos, nos caímos. Y fue así, como esa vez, todas nuestras veces: caerse juntos sobre camas y asfalto, dentro de madrugadas en riesgo de demolición, de derrumbe. De catástrofes humanas.

Nos caímos en un beso de viento, nuestro pequeño país sudeste. Uno de esos lugares que no se salvan nunca,

de los que no se regresa jamás.



#5



Desmantelo palabras desde que puedo recordar.

Por ejemplo, abarcar:    [ A- Barca- R ]

Una barca ocupa, se desplaza y mide el espacio entre A y R.

Entre Acción y Reacción.
Entre Audacia y Resignación.
Entre Ausencia y Reencuentro.
Entre Amistad y Rencor.
Entre Amante y Rotura.


Entre Amor y Recuerdo.